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sábado, 10 de marzo de 2018
Fungle, el Gonpo
A pesar de ser ingeniero, y digo "a pesar" para hacerme cargo de prejuicio que existe sobre esta clase de profesionales, amo las letras en todas sus expresiones, y la música, el cine. Se puede decir que tengo alma de artista.
Dentro de esta suerte de alma oculta (no tan oculta gracias a este blog), lo que más me empuja es escribir. Seguramente se debe a que soy pésimo hablando, pero en fin. También me gustan las buenas historias y hace poco me encontré con un libro relativamente desconocido. Se llama Fungle, el Gnopo y fue escrito por un tipo llamado Alan Aldrige, en colaboración con Steve Boyett e ilustraciones hermosas del autor, también con la colaboración de dos personas más.
El autor murió en 2017, a los 78 años, y es reconocido por sus ilustraciones para artistas como Los Beatles, The Who, the Rolling Stones, Elton John, entre otros (fuente). Entre sus múltiples trabajos, decidió escribir un libro con claros aires tolkianos, pero de una originalidad muy particular y ambientada en tiempos modernos. Pueden ver algunos comentarios de otros lectores acá. Personalmente, creo que el aire tolkiano se le atribuye por su magnífico detalle de la naturaleza y la maravillosa interacción con el entorno que se transmite a través del protagonista. También está la componente histórica, porque el personaje forma parte de una trama más antigua e interesante de lo que se deja ver en un comienzo.
No les mentiré, es difícil de tragar al principio, porque avanza lentamente, igual que la personalidad profunda y reflexiva del protagonista. Poco a poco se va abriendo la trama, a medida que se introducen nuevos personajes y se desarrolla el conflicto.
En síntesis, lo amé. Pero también me produjo un serio conflicto llegar a un final abierto y descubrir que no existe secuela. Sinceramente, me obsesioné con el problema de no tener un final más concreto. Había escuchado hablar de libros escritos por fans, como en el caso de Harry Potter, así que me puse a investigar en qué consistían. Se les llama fanfics o fanfiction, pero no es fácil pasar la autorización de los autores, menos si éste ha muerto.
¿Qué más podía hacer?... inventarme el final. En una pequeña página hice un esquema a medida que pensaba en el desarrollo a continuación y ya tengo una idea aproximada del final y la cadena de eventos hasta éste. Obvio que un final que me gusta a mi, pero un final concreto, al fin (mi obsesión remite al fin).
No sé si podré escribirlo, porque es un trabajo arduo y criar no deja mucho tiempo extra. Si algún día me gano la lotería, tal vez podría lanzarme. Tal vez lo haga igual, pero como con otros proyectos, es más probable que acumule polvo en alguna caja, en los próximos años.
Eso me lleva a la siguiente reflexión:
En un mundo tan interconectado como el nuestro, donde todo avanza a una velocidad cada vez mayor, cuántas historias e ideas yacen ocultas en cajas, carpetas, bodegas o simplemente en la cabeza de las personas. Pienso que debe ser varios órdenes de magnitud mayor que la información que circula por la web hoy en día, estoy convencido. El ser humano vive en el mundo humano desde hace mucho tiempo ya, lo cual nos ha desconectado irremediablemente de nuestro entorno natural. Eso nos ha llevado en un viaje definitivo hacia el mundo de las ideas y de la cultura humana que nos rodea. La jungla ya no son árboles y animales, son culturas diferentes y sus individuos.
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sábado, 27 de enero de 2018
miércoles, 5 de noviembre de 2014
Muerte de las ideologías en el caldo hirviente del dogma libertario
Les dejo extractos (de su conclusión final) de un excelente artículo publicado en Letras Libres titulado "Nuestra era ilegible", donde desde una perspectiva histórica del pensamiento político, trata de explicar cómo es que las ideologías - que hoy persisten en la política local entre izquierda y derecha- son solo ilusiones dentro de una era que ya no posee ideologías, pero si un dogma muy potente: la libertad individual. Mientras tanto, la izquierda y la derecha están tratando de combinar este dogma con sus visiones particulares del mundo, pero sin acertar.
Si hoy en día queremos avanzar hacia un mundo en paz, la utopía última y más general de todas, simplemente no sabemos qué hacer con aquellos que piensan diferente. A nivel mundial el problema son los gobiernos totalitarios, mientras que a nivel local nos debemos enfrentar con posiciones políticas totalitarias.
Sin saber qué hacer por el momento, creo que compartir esta columna es un buen comienzo.
Fuente de la imagen
* * * * * ****** (comienzan los extractos) ****** * * * * * * *
La liberación social que se inició en los años
sesenta en algunos países occidentales encuentra menos resistencia entre las
élites urbanas educadas de casi todas partes, y ha surgido una perspectiva
cultural, o al menos un cuestionamiento. Esta visión tiene como axioma la
primacía de la autodeterminación individual por encima de los lazos sociales
tradicionales, se muestra indiferente hacia asuntos de religión y sexo, y
siente a priori la obligación de tolerar a los otros. Desde luego, han surgido
poderosas reacciones contra esta perspectiva, incluso en Occidente. Pero fuera
del mundo islámico, donde los principios teológicos aún conservan autoridad,
cada vez hay menos objeciones que persuadan a la gente que no tiene esos
principios. La reciente e increíblemente veloz aceptación de la homosexualidad,
e incluso del matrimonio homosexual, en tantos países occidentales –una
transformación de la moral y las costumbres tradicionales que carece de
precedentes históricos– dice más sobre nuestro tiempo que cualquier otra cosa.
Nos dice que esta es una era libertaria. Esto no obedece a que la democracia
esté en marcha (en muchos lugares se halla en retroceso), o a que las
munificencias del libre mercado hayan llegado a todos (tenemos una nueva clase
de pobres), ni se debe a que ahora seamos libres para hacer lo que nos plazca
(sobre todo porque resulta inevitable que los deseos entren en conflicto). No,
la nuestra es una era libertaria por omisión: se han atrofiado las ideas o
creencias o sentimientos que silenciaban la exigencia de una autonomía
individual. No se dio ningún debate público ni se tomó votación alguna al
respecto. Tras el fin de la Guerra Fría, simplemente nos encontramos en un
mundo en el cual cada avance del principio de libertad en una esfera lo hace
avanzar en otras, lo queramos o no. La única libertad que estamos perdiendo es
la libertad de elegir nuestras libertades.
No a
todo el mundo le gusta esto. La izquierda, sobre todo
en Europa y en América Latina, quiere limitar la autonomía económica por el
bien público. Sin embargo, de entrada rechaza los límites legales de la
autonomía individual en otras esferas, como la vigilancia y la censura en
internet, que también podrían servir al bien público. Esa izquierda quiere un ciberespacio sin controles en una economía controlada:
una imposibilidad tecnológica y sociológica. En China, Estados Unidos o en
cualquier otro lado, a la derecha le
gustaría lo contrario: una economía permisiva con una cultura restrictiva, lo
que, a la larga, también constituye una imposibilidad. Estamos como el
hombre a bordo de un tren que avanza a gran velocidad y quiere detenerlo
tirando del asiento de enfrente.
La
sencillez dogmática del libertarismo explica por qué quienes de otro modo
tendrían muy poco en común pueden suscribirlo: son
fundamentalistas del small government en la derecha estadounidense, anarquistas
de izquierda en Europa y América Latina, profetas de la democratización,
absolutistas de las libertades civiles, cruzados de los derechos humanos,
evangelistas del crecimiento neoliberal, hackers renegados, fanáticos de las
armas, fabricantes de pornografía y economistas de la Escuela de Chicago en
todo el mundo. El dogma que los reúne
está implícito y no requiere explicación; es una mentalidad, un estado de
ánimo, una conjetura: lo que antes se llamaba, sin afán peyorativo, un
prejuicio.
Históricamente a los estadounidenses siempre
se les ha dado mejor vivir la democracia que entenderla. La consideran un
derecho de nacimiento y una aspiración universal, no una forma excepcional de
gobierno que durante dos milenios fue descartada porque se consideraba ruin,
inestable y potencialmente tiránica. En general no están conscientes de que, en
Occidente, la democracia pasó de considerarse un régimen irredimible en la
Antigüedad clásica a uno potencialmente bueno apenas en el siglo XIX, para
luego convertirse en la mejor forma de gobierno después de la Segunda Guerra
Mundial, y en el único régimen legítimo hace apenas veinticinco años.
La profesión estadounidense de la ciencia
política adolece de la misma amnesia. Durante la Guerra Fría, los académicos,
convencidos de la bondad absoluta y única de la democracia, abandonaron el
estudio tradicional de las formas no democráticas de gobierno, como monarquía,
aristocracia, oligarquía y tiranía, y en vez de eso se dedicaron a distinguir
regímenes en una sola línea que iba de la democracia (bueno) hasta el
totalitarismo (malo). El juego académico se convirtió entonces en saber dónde
colocar, a lo largo de esa línea, todos los demás Estados “autoritarios”. (¿La
España de Franco estaba a la derecha de la Indonesia de Suharto, o al revés?)
Esta forma de pensar ha dado pie a la ingenua suposición de que, tras la caída
de la Unión Soviética, los países de forma natural comenzarían a hacer
“transiciones” para pasar de la dictadura y el autoritarismo a la democracia,
como atraídos por un imán. Esa confianza se ha evaporado y nuestros politólogos
han visto que muchas cosas desagradables pueden crecer bajo el manto de las
elecciones. Pero aún quieren aferrarse a su pequeña línea y escriben artículos
sobre autoritarismo electoral, autoritarismo competitivo, autoritarismo de
clan, pseudodemocracias, aparentes democracias y democracias débiles. Y, para
tener cubiertas todas las bases, también escriben sobre “regímenes híbridos”.
Sin duda la gran sorpresa en la política
mundial desde el fin de la Guerra Fría no fue el avance de la democracia
liberal sino la reaparición de formas clásicas de gobierno no democrático
disfrazadas de modernas. La disolución del Imperio soviético y la “terapia de
choque” que siguió produjeron nuevas oligarquías y cleptocracias que tienen a
su alcance herramientas innovadoras de financiamiento y comunicación. El avance
del islam político ha colocado a millones de musulmanes, que representan una
cuarta parte de la población mundial, bajo un gobierno teocrático más
restrictivo. Tribus, clanes y grupos sectarios se han convertido en los actores
más importantes en los Estados poscoloniales de África y Medio Oriente. China
ha vuelto a traer el mercantilismo despótico. Cada una de estas formaciones
políticas tiene una naturaleza distintiva que debe entenderse en sus propios
términos, no como una forma menor o mayor de la democracia in potencia. El
mundo de las naciones sigue siendo lo que siempre ha sido: una pajarera.
Pero la ornitología es complicada y la
promoción de la democracia parece mucho más sencilla. A fin de cuentas, ¿no todos los pueblos quieren estar bien
gobernados y que se les consulte sobre los asuntos que les afectan? ¿Acaso no
anhelan seguridad y un trato justo? ¿No quieren escapar a la humillación de la
pobreza? Pues bien, la democracia liberal es la mejor forma de lograr todo eso.
Ciertamente, esa es la visión de los Estados Unidos, compartida por muchas
personas que viven en países no democráticos. Pero eso no significa que
entiendan las implicaciones de la democratización ni que acepten el
individualismo social y cultural que de manera inevitable trae consigo. Ningún
pueblo se ha vuelto tan libertario como el estadounidense. Valora bienes que el
individualismo destruye, como la deferencia a la tradición, el compromiso con
un lugar, el respeto a los mayores, las obligaciones con la familia y el clan,
la devoción por la piedad y la virtud. Si ellos y nosotros creemos que se puede
tener todo a la vez, entonces, ellos y nosotros estamos muy equivocados. Estas
son las rocas sobre las cuales, una y otra vez, se estrella la esperanza de una
democracia.
La cierto es que, durante el lapso de nuestra
vida o la de nuestros hijos y nietos, miles de millones de personas en el mundo
jamás vivirán en una democracia. Eso no se debe solo a la cultura y a las
costumbres establecidas. Hay que sumar divisiones étnicas, sectarismo
religioso, analfabetismo, inequidad económica, fronteras nacionales absurdas,
impuestas por las potencias coloniales... la lista es larga. Sin Estado de
derecho y una Constitución que se respete, sin burocracias profesionales que
traten a los ciudadanos imparcialmente, sin la subordinación de los militares
al poder civil, sin órganos reguladores para asegurar la transparencia en las
transacciones económicas, sin normas sociales que alienten el compromiso cívico
y el cumplimiento de la ley: sin todo esto es imposible una democracia liberal
moderna. De modo que, cuando pensamos en las no democracias de hoy, la única
pregunta posible sería: ¿cuál es el Plan
B?
Nada
refleja más la bancarrota del pensamiento político actual que nuestra falta de
voluntad para plantearnos esta pregunta, que para la
izquierda huele a racismo y para la derecha apesta a derrotismo (y a las dos
cosas para los halcones liberales). Pero si las únicas opciones que podemos imaginar son la democracia o le déluge, excluimos la posibilidad de
mejorar los regímenes no democráticos sin intentar transformarlos por la fuerza
(al estilo norteamericano), o esperando en vano (al estilo europeo) que los
tratados de derechos humanos, las intervenciones humanitarias, las sanciones
legales, los proyectos de las ong y los blogueros con sus iPhones representen
una diferencia duradera. Estas son las características del absoluto delirio
que caracteriza a nuestros dos continentes. El próximo Premio Nobel de la Paz
no debería recaer en un activista de derechos humanos o en el fundador de una
ong, sino en un pensador o en un líder que desarrolle un modelo de teocracia
constitucional que dé a los países musulmanes una forma congruente pero
limitada de reconocer la autoridad de la ley religiosa y que la haga compatible
con el buen gobierno. Esto sería un auténtico logro histórico, si bien no
necesariamente democrático.
Por supuesto, nunca se otorgará ese premio, y
no solo porque esos pensadores y esos líderes no existen. Reconocer tal logro
requeriría abandonar el dogma de que la libertad individual es el único o,
incluso, el mayor bien político en todas las circunstancias históricas y
aceptar que los trade-offs son inevitables. Esto significaría aceptar que, si
existe un camino de la servidumbre a la democracia, largos tramos estarán
pavimentados por la no democracia, tal y como ocurrió en Occidente. Empiezo a
sentir cierta simpatía por aquellos oficiales norteamericanos que llevaron a
cabo la ocupación de Afganistán e Iraq hace diez años y, de inmediato,
empezaron a destruir los partidos políticos y los ejércitos existentes, y las instituciones
tradicionales de consulta política y de autoridad. La razón más profunda para
este colosal error no fue la hubris norteamericana ni su ingenuidad, aunque
hubo mucho de eso. La verdad es que no tenían otra forma de pensar alternativas
a esta precipitada y, al cabo, engañosa democratización. ¿Adónde tendrían que
haber acudido? ¿Qué libros habrían tenido que leer? ¿En qué habrían tenido que
apoyarse? Lo único que sabían era la directriz primordial: redactar nuevas
constituciones, establecer parlamentos y oficinas presidenciales y, luego,
convocar a elecciones. En efecto, tras todo esto llegó el diluvio.
La edad libertaria es una era ilegible. A
diferencia de los antiguos maestros pensadores, ha engendrado un nuevo tipo de hubris.
Nuestra arrogancia consiste en creer que ya no tenemos que pensar profundamente
o poner atención o buscar conexiones, sino que lo único que tenemos que hacer
es aferrarnos a nuestros “valores democráticos” y a nuestros modelos económicos
y tener fe en el individuo y todo saldrá bien. Al presenciar desagradables
escenas de embriaguez intelectual, nos hemos convertido en abstemios
satisfechos de sí mismos, distanciados de la historia e incapacitados ante los
desafíos que ya se están dando. El fin de la Guerra Fría destruyó cualquier
rasgo de confianza en la ideología que pudiera quedar en Occidente. Pero
también parece haber destruido nuestra voluntad de entender. Hemos abdicado. El
dogma libertario de nuestro tiempo está embrollando nuestras organizaciones
políticas, nuestras economías y nuestra cultura y nos ciega a todo esto porque
hace que seamos menos curiosos de lo que somos por naturaleza. El mundo que
estamos haciendo con nuestras propias manos está tan alejado de nuestra mente
como el más remoto agujero negro en el espacio. Alguna vez sentimos nostalgia
por el futuro. Hoy tenemos amnesia del presente. ~
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viernes, 26 de septiembre de 2014
Poesía, Supertición y Magia
En esta excelente columna "Superstición: Potencia Ocura", se describe la particular visión de Octavio Paz sobre el mundo, a través de su pensamiento mágico, creyente de las casualidades y el azar, encuanto a aquello que configura nuestra vida.
A continuación les dejo un extracto de lo más significativo del artículo... para masticar.
"La superstición, la potencia oscura, es vestigio de los tiempos en que la poesía aún no se desmembraba en filosofía y religión. Con los románticos, (Octavio) Paz crea una liturgia poética que subsane “la ausencia del mito” con “el mito colectivo adecuado a nuestra época” que postuló Breton. Como su maestro en Arcane 17, rubrica su aspiración a una poesía que “encarne” lo imprevisto de la misma forma en que vivir es estar atados a lo imprevisible. Paz practica esa fe y se subordina al mandato de sus lenguajes paralelos: la inspiración, el azar, la superstición, concordancias con el poder del misterio ante la tiranía de la razón: el poeta es el oficiante y el guardián de un conocimiento diferente."
"En la superstición residen “los restos de una sabiduría perdida [...] que no es del todo incompatible con las creencias modernas”, como dice en su ensayo sobre otro poeta de potencia oscura, López Velarde. Glosa una idea que Jules Monnerot fortaleció en un libro que intrigó a los surrealistas, La poésie moderne et le sacré (1945), pues el sociólogo reconocía algo sabido en las cofradías de los poetas: la poesía es el último reducto vivo de la magia, “la creencia nocturna en la eficacia del deseo”. Para Monnerot, poesía, magia y religión –que conviven con la ciencia, la filosofía y la organización social– preservan el ámbito de lo sagrado, una forma diferente de estar, y constituyen una defensa necesaria ante “la hegemonía del principio de realidad”. La poesía “c’est un état-autre”, escribe Monnerot, idea que anticipa el “Hay un estar tercero” con que iniciará la parte final de Pasado en claro."
"Muchos años después del combate, el viejo Paz se pregunta si aquella remota cabeza de muerto tenía algo que decirle a las mujeres, y a él, que estaba entre ellas:"
"¿Hay mensajeros? Sí,Fuente Imagen
cuerpo tatuado de señales
es el espacio, el aire es invisible
tejido de llamadas y respuestas.
Animales y cosas se hacen lenguas,
a través de nosotros habla consigo mismo
el universo... ~"
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viernes, 2 de mayo de 2014
El papel de la literatura
"El papel de la literatura, puesto que el hombre es obviamente un ser histórico, es crear un modelo de una era contemporánea que comprenda pasado y futuro, también un modelo de la gente que viva en esa era."
Orson Scott Card citando a Oe
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viernes, 18 de abril de 2014
Big Bang
Solución de almidón y agua bajo la influencia de vibración sinusoide (ref).
Existe evidencia de la existencia de materia y energía
oscura, pero no se conoce su origen o naturaleza, hasta donde sé. También se
conoce la existencia de agujeros negros supermasivos y que podría existir
alguna relación con el origen de las galaxias, pero nada concluyente. Mi
pregunta es más bien una hipótesis. ¿No sería posible que en el origen del
universo, así como existen zonas frías hoy en día y zonas calientes (galaxias,
cúmulos, etc), también se hayan producido aglomeraciones tales que produjeran agujeros
negros, sin el paso previo (paradigmático) de una estrella supermasiva o
incluso varias, previamente formadas?
Recientemente leí sobre las supernovas 1A y que su existencia
evidenciaba o provocaba (no sé bien el término correcto) que el universo se expandía
cada vez más rápido. Luego pensé en ese extraño fenómeno de la inflación
cósmica y si ese fenómeno podría estar relacionado con la formación de agujeros
negros en una etapa más temprana de la supuesta hasta ahora.
Me intriga el asunto de la materia y la energía oscura - ¿Tiene
sentido? – Por una parte está la materia y energía que percibimos sin
instrumentos, la cual es el constituyente básico de las cosas “observables”.
Inclusive hemos detectado partículas que no están normalmente entre nosotros,
por ejemplo, dentro de un acelerador de partículas. Algunos aceleradores poseen
antimateria que mantienen almacenada y que fue “creada” para realizar
colisiones. De pronto, aparece una materia oscura que se encuentra totalmente
apartada de la materia ordinaria o percibida, con propiedades ajenas a
cualquier otra cosa que conozcamos. ¿Cómo es posible que con un origen común en
el Big Bang, la materia total se separara en dos unidades sin relación, sin
propiedades comunes, salvo la gravedad?
Si existieran hoyos negros desde el mismísimo origen del
universo, entonces ¿cómo luciría su entorno hoy en día? Con tanto tiempo para
alimentarse, ¿sería posible que una enorme vecindad entorno a hoyos negros
gigantes pareciera inmune a la radiación electromagnética?
Uno tiende a imaginar el Big Bang como una esfera en
expansión, pero bien podría ser como un líquido estimulado por vibraciones,
donde las puntas y depresiones podrían indican materia libre y materia
comprimida, respectivamente.
Vean lo que pasa con el agua a distintas frecuencias en este enlace. La variedad de patrones en increíble y el estudio que se realiza es muy interesante.
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sábado, 16 de noviembre de 2013
El Sol Desnudo - Asimov
Extractos del capítulo 16 del libro "El Sol Desnudo", de Isaac Asimov (1957):
"En las centésimas de segundo en que Baley vio como la mano del robot le quitaba la suya de la cortina, con la solicitud de la madre que protege a su hijo del fuego, se desató en su interior una revolución.
Arrebató a su vez la cortina de manos de Daneel y, tirando con toda su fuerza de ella, la arrancó de la ventana, haciéndola jirones.
—¡Camarada Elías! —le reconvino Daneel quedamente—. ¿No sabes el daño que puede causarte el espacio abierto?
—Sé muy bien lo que puede hacerme.
Se quedó mirando por la ventana. No había nada que ver: sólo tinieblas, pero dichas tinieblas eran el aire libre: espacio ¡limitado y libre de obstáculos, aunque no brillase la luz. Y él, Elías Baley, lo contemplaba cara a cara.
Por primera vez lo contemplaba libremente. Ya no lo hacía por jactancia, por perversa curiosidad o como medio para solucionar un asesinato. Lo contemplaba porque sabía que necesitaba hacerlo y, además, lo deseaba. En esto consistía la diferencia.
¡Las paredes no eran más que muletas! ¡La oscuridad y las muchedumbres también lo eran! Baley debió de considerarlas así, inconscientemente, y odiarlas aun cuando creía amarlas y necesitarlas. , Por qué, si no, le había irritado tanto que Gladia encerrase su retrato entre grises paredes?
Le dominó una sensación de triunfo y, como si ésta fuese contagiosa, un nuevo pensamiento surgió en su interior como un rito de victoria. Volviéndose aturdido a Daneel, Baley susurró:
—¡Cielos, Daneel! ¡Ya lo sé, ya lo sé!
—¿Qué sabes, camarada Elías?
—Sé lo que pasó con el arma; sé quién es el responsable. En un momento, todo ha adquirido sentido ante mis ojos."
*Nota del editor: No sé que sucede, pero si ponen "El Sol Desnudo" en Google y van a las imágenes, aparecen muchas vaginas. ¿Será una especie de clave secreta que encontré sin querer?
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miércoles, 21 de agosto de 2013
Estúpido y razonable ajedrez
Esta columna no sería nada sin los comentarios. Si uno observa el panorama general, se dará cuenta que mayoritariamente hay quienes encuentran estúpida la propuesta (ajedrez como método de enseñanza básica) y quienes la defienden con razones desde la experiencia.
Es una columna que estimula porque aborda un tema sensible en la fauna chilensis... varios temas en realidad, pero principalmente mezcladas con emociones mal dirigidas. Por qué viene este weon a proponer tonteras cuando no hay ni libros en los colegios. El razonamiento de los defensores es muy bueno, pues el ajedrez es un juego tremendamente estimulante y simple a la vez. Claro, podrías tener un video juego 3D para estimular, pero un ajedrez lo puede hacer cualquiera, con materiales reciclados si no tiene cómo pagarlo. Es un juego que puede ser transversal a la clase social, si las cosas fueran distintas en nuestra super linda sociedad-educación.
Hace años nos juntabamos seguido con un amigo. Jugabamos a la pelota, hacíamos carretes variados, con cachos, con naipes y, durante una época larga, con ajedrez. De las 100 veces que jugamos, él ganó 99. Cuando gané, decidí que no quería jugar más con él. La probabilidad de perder nuevamente (99% según la estadística) era muy alta y el sabor de la última victoria se convirtió en mi convicción. Era mi retiro digno.
¿Me hizo más inteligente el ajedrez? No lo sé, pero sí me doy cuenta de que puedo reflexionar sobre aquello en forma similar a cuando debo pensar en las jugadas y posibilidades dentro de una partida de ajedrez. Ahí te das cuenta de que un escenario nunca está cerrado, siempre hay opciones y consecuencias... y cuando menos te lo imaginas tienes un caballo encima, acorralado tras una torre, mientras la reina vigila tu último destino.
Proponer que el ajedrez es bueno, malo o estúpido da lo mismo a final de cuentas, si no eres capaz de ver dónde está la real discusión, lo que significa educación versus lo que tenemos.
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viernes, 28 de junio de 2013
Impresiones de una tarde en metro
1. Cacha los apellidos cuáticos de los candidatos (Claude, Bachelet, Parisi, Allamand, Longueira, Ominami). Yo creo a veces que seguimos siendo criollos colonizados.
2. Cacha la tonta wena*
* Expresión de larga data ampliamente utilizada por el vulgo chilensis. La clase acomodada la considera humorística.
Vista en perspectiva, puede significar varias cosas.
1. La mujer es tonta desde el punto de vista cultural (superficial), pero extremadamente atractiva físicamente.
2. La mujer no es tonta, pero sus opiniones no son compartidas culturalmente o personalmente, desde el punto de vista de quien emite esa opinión.
3. Casi igual que el primer caso, salvo que no es atractiva, pero es weeeena como el pan!
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viernes, 5 de abril de 2013
Contexto del debate sobre el autocultivo de marihuana
No había visto una explicación tan buena del contexto en que se encuentra la discusión sobre la Cannabis. Lo que me parece más complicado es lograr enfrentar las visiones contrapuestas soslayando los prejuicios.
En este sentido, una de las líneas de acción que mejor se perfila es la del uso medicinal y el dolor de cabeza que representa esto para las farmacéuticas. Hay muchos conflictos de intereses entre nuestras autoridades que son desconocidas porque la gente no ve muchas veces todas las dimensiones del problema.
Este artículo las expone todas a mi parecer.
Enciéndelo ¡que corra el debate sobre la marihuana!
Extracto:"Muchos hemos visto estos últimos meses cómo el debate sobre la regulación y uso de la marihuana se ha instalado a todo nivel, desde una conversación haciendo sobremesa hasta la cámara del senado, pasando por los medios de comunicación masivos y los tribunales. Esta instalación no ha sido fácil y mucho menos espontánea, las organizaciones cannábicas, políticas y de profesionales han cumplido un rol central en la búsqueda de una visión más racional, multidiciplinaria y democrática.
No sólo los usuarios de cannabis son quienes sostienen y articulan las organizaciones defensoras de esta generosa planta, y esto se debe en gran medida a la transversalidad que alcanza esta demanda."
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martes, 11 de septiembre de 2012
Problema
Problema: ¿Es la búsqueda de igualdad, un
camino eminentemente material?
Si pensamos
al humano como inherentemente “terrestre”, entonces sin duda. Si pensamos que
es mayormente “espiritual”, entonces diremos que no.
Yo creo que
somos mayormente “terrestres”. Mi interpretación tiene que ver con la masa.
Humanidad es la especie, por lo que miremos el conjunto, no los casos
particulares. Por ejemplo, si miramos el gas de un globo aerostático,
suspendido en el cielo, desde una escala macro, lo veremos en estado de
equilibrio. Pero si vamos a mirar un par de átomos, los veremos totalmente
erráticos y sin sentido.
Mi ejemplo
pretende reforzar la idea de la escala, como artilugio utilitario para dar otra
perspectiva al Problema.
Si vemos a
la humanidad, ¿qué encontramos?
En la historia nos encontramos con hechos como la revolución francesa,
que partió con principios de libertad, igualdad y fraternidad, pero que terminó
cambiando el poder de las manos de la aristocracia a las manos de una burguesía
igualmente explotadora, que cometió gravísimos errores al invadir África, con
una afán colonizador que despreció los ideales de la revolución, pues esta, al
parecer, sólo tenía validez dentro del territorio francés.
Nos encontramos con la Concertación, traicionando los ideales que
creíamos comunes. Eso encontramos.
¿Dónde está esa mayoría espiritual en este derrotero humano? Vemos la
historia desde un punto de vista material y no vemos nada espiritual.
¡En el individuo está la espiritualidad! dirá el “espiritual”. Ahí está
el potencial dirá.
Ya, pero ¿dónde está el influjo que da energía cinética a ese potencial?
Analizar a la masa podría dar una respuesta, piensa el “materialista”. El
espiritual creerá que el Creador le da ese influjo (o sea, ya está respondido,
no busquen más).
Quizás la salida del Problema esté en una suma ponderada de ambas
variables. Somos materialistas espirituosos o espíritus materialistas.
Tal vez, esa heterogeneidad que desborda la humanidad sea el reflejo de
las múltiples proporciones en las que podemos encontrar esas variables (materia
y espíritu). Tal vez eso sea lo que vemos en las noticias, ese sin sentido que
deviene de observar el “desplazamiento de un par de átomos” en el globo
aerostático.
Las escalas sirven.
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