sábado, 24 de septiembre de 2011

Un Jack y un Gitanes



¿Qué harías o desearías si no tuvieras absolutamente nada que perder, nadie que lo sepa salvo tú, sin ninguna consecuencia?

Depende de si es hombre o mujer, tiendo a creer que la respuesta sería diferente. Ellas son más sensibles y ellos más concretos. ¡Pero y si doy vuelta esas definiciones? Parto por mi idea preconcebida y después lo doy vuelta. A ver qué resulta.

Ellas dirían que tener una familia hermosa, tener nana 24/7, tener unos hijos maravillosos y una pareja comprometida (en chileno tiene más intensión: apañadora, es decir, Darle fianza o prestarle ropa a una persona cuando se ve en problemas).

Ellos dirían que tener todo aquellos que les permita hacer que más les guste, si es arreglar cosas, entonces un taller gigante y equipado; si es leer, una biblioteca gigante e ilimitada; si son las minas, una diferente todos los días y cada vez más rica o a piacere.

Bajo mi visión anterior, cada género puede ser dibujado por arquetipos bastante conocidos. Se me ocurren varias Romantic Comedies.

Ahora veamos como quedan los mismos arquetipos, pero al revés. Pero por partes, primeros como serían ambos concretos.

Si eres mujer, imagino que ser dueña de Chanel, poder comer todo lo que quieras sin engordar, darle un beso a una mujer, que nunca baje tu lívido.

Si eres hombre, imagino que tal vez te gustaría pilotar un caza de última generación, hacer un trío, ser inmensamente millonario, manejar un porche a 220 km/hr con una cerveza en la mano o simplemente usar falda.

Ahora veamos como quedan ambos sensibles:

Ella pensaría en flores y un vestido que le hiciera ver hermosa, tener un amigo seguro de sí mismo y sin gran cosa que ostentar, que la haga reír y con el que se da cuenta que la cosa va en serio.

El pensaría en vivir a la orilla del mar y tener un perro amigo e inteligente, estar viviendo con una mujer inteligente, independiente, amorosa y que lo calienta como nadie.

Hasta ahora no sé que estoy haciendo. Al principio pensé que una pregunta era el límite hasta donde la conciencia alcanza a imaginar. Si pudiésemos ver que hay más preguntas que respuestas tal vez comenzaríamos a ver la vida con más humildad.
Después pensé que como estos hay miles de arquetipos más, tirados sobre la mesa. Y no alcanzan a ser ni la sombra de la diversidad humana que ahí afuera nos espera. Y cuesta tanto verlo. Incluso lo tenemos al lado y no lo podemos ver. Somos los ciegos de Saramago.

Y qué pasaría si mañana un Dios te dijera que te da el poder de hacer en el mundo lo que quieras para poder hacerlo funcionar a tu gusto. ¿Qué desearías? Cómo lo arreglarías, con la situación presente como partida y sin chasquidos de dedos que alteren las cosas. ¿Cómo lo harías?

Tomaría años si eres paciente o mucha sangre si eres impaciente. Dime, ¿cómo lo harías?

Tal vez llamarías a jornadas de reflexión regulares, tratarías de convencerlos uno a uno. O tal vez harías una reforma al sistema financiero mundial.

Mi problema surge en cómo evitar la guerra. Quizás es parte de nuestra naturaleza. Tendría que aceptarla y ponerle límites. Volver al coliseo romano y enfrentar a los escogidos. Daño limitado y compromiso absoluto de parte de los involucrados.

Pienso puras tonteras a veces.


miércoles, 14 de septiembre de 2011

El posmodernismo ha muerto

A continuación les dejo una muy buena columna que me llegó por twitter de este sitio de @nacioncl. Muy atingente a lo que se vive en muchas partes del mundo y en lo particular, ya que debido al movimiento social chileno, tenemos el Discurso como el centro de la batalla: ¿quién tiene la verdad?.



Martes 13 de septiembre de 2011| por Edward Docx PROSPECT MAGAZINE

Les tengo algunas buenas noticias. El 25 de septiembre podemos declarar oficialmente que el posmodernismo ha muerto.

¿Cómo se esto? Porque esa es la fecha en que el Museo Victoria y Albert de Londres inaugura lo que llama “la primera retrospectiva comprehensiva” del mundo: “Posmodernismo-Estilo y Subversión 1970-1990.”

Esperen, escucho que ustedes están gritando. ¿Cómo saben ellos? ¿Y qué fue en todo caso el posmodernismo? Nunca lo entendí. ¿Cómo puede haberse terminado? Usted no está solo. Si hay una palabra que nos confunde, irrita y agota a todos, es posmodernismo. Y sin embargo, debidamente entendido, el posmodernismo es inteligente, divertido y fascinante.

Desde Madonna a Lady Gaga, desde Paul Auster a David Foster Wallace, su influencia ha estado en todas partes y continúa. Ha sido la idea dominante de nuestra era.

ALTA ENERGÍA

¿Qué fue entonces? Bueno, la mejor manera para comenzar a entender el posmodernismo es en referencia a lo que hubo antes: el modernismo.

A diferencia de la Ilustración o del romanticismo, el posmodernismo convoca al movimiento que pretende derrocar. El posmodernismo podría así verse como la germinación atrasada de una semilla más antigua, plantada por artistas como Marcel Duchamp durante el apogeo del modernismo en los años ’20 y ’30.

Si modernistas como Picasso y Cezanne se centraron en el diseño, la maestría, la obra única, a los posmodernistas como Andy Warhol y Willem de Koonig les interesó el collage, la casualidad, la repetición. Si modernistas como Virginia Woolf amaron la profundidad y la metafísica, posmodernistas como Martin Amis favorecieron la superficie y la ironía. En cuanto a los compositores, modernistas como Bela Bartok fueron hieráticos y formalistas, mientras que posmodernistas como John Adams fueron juguetones e interesados en la deconstrucción.

En otras palabras, el modernismo prefería el conocimiento, tendía a ser europeo y tenía que ver con lo universal. El posmodernismo prefirió el commodity y Estados Unidos, y asumió todas las circunstancias que el mundo contenía.

Los primeros posmodernistas estaban coaligados en un movimiento de gran fuerza que buscaba romper con el pasado. El resultado fue una permisividad nueva y radical. El posmodernismo fue una revuelta de alta energía, un conjunto de prácticas críticas y retóricas que apuntó a desestabilizar los hitos modernistas de la identidad, el progreso histórico y la certeza epistémica.

Sobre todo, fue una manera de pensar y de hacer que buscó despojar de privilegios a cualquier ethos y negar el consenso del gusto. Como todas las grandes ideas, fue una tendencia artística que creció hasta adquirir significación social y política.

Como ha dicho Ihab Hassan, el filósofo egipcio-estadounidense, a través de este período se movilizó “una vasta voluntad de deshacer, que afectó al cuerpo político, al cuerpo cognitivo, al cuerpo erótico, a la psiquis individual, al campo entero del discurso occidental”.

El posmodernismo apareció por primera vez como término filosófico en el libro “La Condición Posmoderna” (1979) del pensador francés Jean-François Lyotard. Éste se basó en la idea de Wittgenstein del “juego del lenguaje” que apuntaba a que diferentes grupos de personas usan el mismo lenguaje en diferentes formas, lo que a su vez puede llevar a que miren al mundo de maneras bastante distintas.

Así es como, por ejemplo, el sacerdote puede usar la palabra “verdad” de una manera muy diferente al científico, quien, por su parte, podría entender el término en forma diferente al artista. De este modo, la noción de una visión única y totalizadora del mundo (una narrativa dominante) se desvanece.

De allí, sostuvo Lyotard, que todas las narrativas existen juntas, lado a lado. Y esta confluencia de narrativas es la esencia del posmodernismo. Lamentablemente, el 75% del resto de lo escrito sobre el movimiento es incoherente, se auto-contradice o es emblemático de la basura que ha consumido por tanto tiempo al mundo académico de la lingüística y la filosofía “continental”.

¿ACABÓ?

Pero no todo. Hay dos puntos importantes.

Primero, que el posmodernismo es un ataque no sólo contra la narrativa dominante sino también contra el discurso social dominante. Todo arte es filosofía y toda filosofía es política. Y la confrontación epistémica del posmodernismo, esta idea de quitarle privilegio a todo significado, ha llevado por lo tanto a algunas ganancias en el mundo real para la humanidad. Porque una vez que estamos en la tarea de desafiar al discurso dominante, estamos también en la tarea de darles sus voces a grupos hasta ahora marginados. Y a partir de aquí es posible ver de qué manera el posmodernismo ha ayudado a que la sociedad occidental entienda la política de la diferencia y reparar así las atroces injusticias que hasta ahora han ignorado.

El segundo punto es aún más profundo. El posmodernismo apuntaba más lejos que a solamente llamar a una reevaluación de esas estructuras: decía que todos nosotros no somos en nuestros seres más que la sumatoria de esas estructuras. Sostiene que no podemos permanecer apartados de las demandas e identidades que estos discursos nos confieren. Adiós Ilustración. Hasta la vista romanticismo.

En cambio, el posmodernismo plantea que nos movemos a través de una serie de coordenadas en diversos mapas (de clase, de género, de sexo, de etnia) y que esas coordenadas son de hecho nuestra única identidad. No hay nada más.

Éste es el principal reto que trajo el posmodernismo al gran banquete de las ideas humanas. Pero aquí llegamos a la pregunta más complicada de todas: ¿cómo sabemos que el posmodernismo se acabó y por qué?

Veamos las artes, la primera línea de fuego. No es que el impacto del posmodernismo esté disminuyendo o desapareciendo. Más bien, el posmodernismo está siendo reemplazado como discurso dominante y está ahora tomando su lugar en la paleta artística e intelectual junto a todas las otras grandes ideas.

Cada vez más, el posmodernismo se está convirtiendo en “solamente” uno de los colores que podemos usar. ¿Por qué? Porque a todos se nos está haciendo más cómoda la idea de sostener en nuestras cabezas dos ideas irreconciliables: que ningún sistema de significados puede tener un monopolio de la verdad, pero que aún así tenemos que llegar a la verdad mediante el sistema que hemos elegido. (…)

AUTENTICIDAD

El problema está en lo que podríamos llamar la paradoja posmoderna. Durante un momento, mientras colapsaba el comunismo, parecía que a la supremacía del capitalismo occidental se la desafiaba mejor desplegando las tácticas irónicas del posmodernismo.

Pero, con el paso del tiempo, surgió una nueva dificultad: debido a que el posmodernismo lo ataca todo, comenzó a desarrollarse un ambiente de confusión que termino haciéndose ubicuo en los años recientes. Una falta de confianza en los postulados y la estética de la literatura permearon la cultura… por lo que, a falta de todo criterio estético, se hizo más y más útil estimar el valor de las obras según los rendimientos que generaban.

Así, paradójicamente, llegamos a un momento donde la literatura misma ha quedado amenazada, primero por el credo artístico del posmodernismo y, segundo, por el resultado no deseado de ese credo, la hegemonía del mercado. Y hay una paradoja paralela en la política y la filosofía. Si les quitamos los privilegios a todas las posiciones, no podemos ejercer posición alguna, no podemos por lo tanto participar en la sociedad y así, en efecto, un posmodernismo agresivo se hace indistinguible de una especie de conservadurismo inerte.

La solución posmoderna ya no funcionará como respuesta al mundo en que ahora nos encontramos. Como seres humanos, declaradamente no deseamos quedarnos con sólo el mercado. Hasta los multimillonarios quieren colecciones de arte.

Esa conversación entre el artista y el público está por lo tanto cambiando nuevamente, agilizada por el amanecer de la era digital y en paralelo a esta. De seguro que la Internet es la cosa más posmoderna en el planeta. La consecuencia inmediata en occidente parece haber sido criar una generación más interesada en las redes sociales que en la revolución social.

Pero, si miramos por detrás de eso, encontramos un efecto inverso secundario: una nostalgia por algún tipo de autenticidad offline. Deseamos ser redimidos de la vulgaridad de nuestro consumo, de la farsa de nuestras poses. Si el problema para los posmodernistas fue que los modernistas les habían estado diciendo qué hacer, entonces el problema de la actual generación es lo contrario: nadie nos ha estado diciendo qué hacer.

Este creciente deseo de autenticidad nos rodea por todas partes. Lo podemos ver en la especificidad de los movimientos alimentarios locales. Lo podemos reconocer en campañas de publicidad que buscan transmitir no la rebelión sino la autenticidad.

Podemos identificarlo en las formas en que las marcas tratan de asociarse a la ética. Los valores vuelven a ser una vez más importantes. Si vamos aún más fondo podemos ver una creciente valoración de aquellos que pueden demostrarse expertos: el escultor que puede esculpir, el escritor que realmente puede escribir.

Jonathan Franzen es en esto el gran ejemplo: un novelista universalmente alabado porque evita las evasiones de género o las estrategias narrativas posmodernas, y en cambio trata de decir algo inteligente y auténtico y bien escrito sobre su propio tiempo. Después de todo, no es sólo la historia sino cómo se cuenta la historia. Estas tres ideas, de especificidad, de valores y de autenticidad, chocan con el posmodernismo. Estamos entrando a una nueva era. Llamémosla la Era del Autenticismo y veamos cómo nos va.

* Periodista y escritor. Acaba de publicar su tercera novela, “The Devil’s Garden” (“El Jardín del Diablo”).

martes, 13 de septiembre de 2011

Rafael Garay & Marcel Claude en SLB - Lucro y Educación como Bien de Consumo

Economistas analizando el sistema educacional chileno. Si usted es latino americano, mire y aprenda, ya que varios países de la zona miran con ganas nuestro modelo. No se dejen engañar.




viernes, 9 de septiembre de 2011

Caminar

Me gusta caminar, siempre lo he hecho.

Cuando era chico, iba al colegio en cleta. Lo hice hasta como cuarto o quinto básico y después seguí a pie. Durante 7 años seguí caminando. Después, en la U caminé durante 2 años. Van 9. Los siguientes 3 años viví en 4 lugares diferentes, todos lejos. Micro y metro. Sin embargo, en todos los casos me bajaba lejos y debía caminar unos 15 minutos. El cuarto año, volví a vivir cerca de la U. Me quedé ahí 3 años más y los caminé todos. Incluso empecé a caminar al centro, desde Toesca con Av. España a metro Universidad de Chile. O paseaba con otras personas.

Una caminata memorable fue con mi amiga Nachi. Caminamos desde Escuela Militar a Baquedano durante unas 2 o 3 horas.

Una caminata chistosa fue volviendo de un carrete a las 7 de la mañana. Había un tipo muy curao con un palo, el cual usaba para aporrear un teléfono público mientras gritaba a todo pulmón… Pacos Culiaos!!!!... los cuales estaban a media cuadra de ahí. Me vio acercarme y me amenazó con el palo. Glup. Retrocedo lento y el también. Se detiene y sigo retrocediendo, con más aire en los pulmones. Entonces llega una camioneta de Carabineros, alias Los Pacos, y detiene a este tipo. Pero aquí viene lo chistoso. Yo, envalentonado y picado porque me había asustado, le grito cuando lo están metiendo al vehículo… Grítala Otra Vez!!!!... el tipo me mira, se suelta y empieza a correr detrás de mí. Yo no sé de dónde saqué energías… quizás de las piscolas en el cuerpo… dicen que son energéticas… en fin… corrí unos 250 metros a toda carrera y cuando miro hacia atrás, el tipo seguía detrás de mi… shit!!!!... pensé para mí… Por qué eres tan weon!!!!... y en ese momento… los queridos Carabineros de Chile llegaron y me salvaron el culo… díganme si no es chistosa la situación…

Ahora llevo más de un año caminando media hora a mi trabajo, ida y vuelta… salvo cuando voy muy atrasado y ruego por un taxi… se han dado cuenta que esas cosas pasan en invierno... fucking frío!...

A veces la vida te come. Actúas automáticamente y no te das cuenta de que hay todo un mundo ahí afuera. Infinitas posibilidades, solo esperando a tu próxima decisión. Nos perdemos de tanto que resulta casi una locura colectiva. Sufrimos por tan poco. Nuestro mundo pequeñito nos tiene codiciando, odiando, temiendo. Nos estamos perdiendo la vida y no nos damos cuenta.

Abre los Ojos.


viernes, 2 de septiembre de 2011

El nómade


El nómade viaja
peregrino por los
límites autoimpuestos
ausente presente.

Sin subterfugios

Vuela lejos, encuentra
aquello que palpita
en la fibra de todo
lo que hay.


lunes, 29 de agosto de 2011

El Ambiente Constitucionalista del Movimiento Social Chileno


No sé si se han dado cuenta o es solo mi impresión, pero con el paso de los años la ansiedad de una persona disminuye y lo que era el vigor e idealismo juvenil, se transforma en cierta calma que los jóvenes asocian con lo "fome". Es tal vez conformismo en algunos casos o genuina sabiduría en otros, pero que en el caso de los políticos en ejercicio del poder yo lo llamaría cinísmo. Como masa, la política no cree que las cosas pueden cambiar y lo demuestran con sus intentos tibios, y nada concretos, en estos tres meses de movilizaciones estudiantiles.

Nuestra clase política chilena está compuesta mayormente por personas que en su juventud también lucharon por sus convicciones, tanto o más que el movimiento de hoy, en la época de la dictadura de Pinochet. Y me refiero todos, derecha, centro e izquierda. Hoy, estas mismas personas están sentadas sobre aquellos viejos ideales o convicciones y no son capaces de participar del cambio que se ha estado produciendo en el país. Cambios que han cuajado en el actual ambiente social constitucionalista y reformador de las viejas normas de convivencia, definidas por nuestra Constitución.

Las redes sociales han jugado un enorme rol como herramienta, más que como causa.  No comparto el argumento sobre las redes sociales como "causante", tal como lo ha sugerido el primer ministro  británico, entre otros “líderes”. La capacidad que hoy existe para aunar ideas y voluntades, a través de las redes sociales, ha permitido que el secuestro de los medios de comunicación sea casi irrelevante y una muestra más de las múltiples escalas antidemocráticas de nuestra sociedad.

Siento que el movimiento, principalmente a través de sus líderes mediáticos, ha mostrado una calma que pareciera ser producto de la edad, pero con toda la fuerza de la convicción que puede tener la juventud. Hay facciones más y menos, pero el conjunto pareciera darse cuenta que las cosas no se logran apurando los procesos, no se logra imponiendo las decisiones.  Este aire de calma es el que ha convocado al 80% del país y tiene a los empresarios y autoridades confiados de que podremos solucionar institucionalmente los temas surgidos durante estas movilizaciones. Estamos todos convencidos de que el camino será largo, de ahí la calma que señalo. El mejor ejemplo lo puede dar Islandia, que el 2008 contaban con la mejor calidad de vida del mundo, cuyas movilizaciones comenzaron a principios del 2009, tras la crisis financiera, y aún hoy siguen en el proceso de crear una nueva constitución. Ni hablar de las reformas a las leyes que de esa nueva constitución se desprendan. Es un proceso largo sin duda.

El movimiento estudiantil sabe (y así lo ha planteado) que una nueva constitución, un nuevo modelo educacional, una nueva estructura tributaria, entre otras cosas, son cambios que tomarán no menos de 10 a 20 años. La falacia que algunos políticos nos quieren hacer creer de que no se puede y que el movimiento está pidiendo imposibles, es porque se basan en un precepto erróneo: nadie está diciendo que esto se haga ahora ya. Lo que se está pidiendo es que nos pongamos de acuerdo ahora (institucionalmente y democráticamente) en fijar la hoja de ruta para construir el país que queremos todos los chilenos. ¿Por qué un grupo minoritario decide e impone cómo debe vivir la mayoría? La democracia es la autodeterminación de los pueblos, no la maqueta burda que hoy tenemos en Chile. No se puede desperdiciar este ambiente constitucionalista único en la historia del país.

Quizás se ha dicho muchas veces, pero aquí el problema más grave es el de la legitimidad. Esto significa que, en general, la gran mayoría no le cree al sistema político y económico, sustentado por nuestra actual Constitución. Una que fue hecha por una minoría. Una que fue hecha a la fuerza.

El segundo problema más grave, a mi entender, es el de la destrucción de la dignidad humana a la cual están sometidos los más pobres del país, que en términos reales es más del 50% de la población, con ingresos bajo los 250 mil pesos. Las políticas públicas de vivienda, salud y educación llevan décadas basadas en la cobertura, mientras que la calidad y las condiciones de vida impuestas de esta forma agreden hasta al menos sensible. En simples palabras, las políticas públicas chilenas son violentas y atentan contra los derechos humanos más fundamentales.

Hoy, sin ninguna legitimidad por parte de la ciudadanía, los políticos están cerrados y/o desconcertados. No quieren o no saben ponerse de acuerdo. Después de todo, ya se pusieron de acuerdo en quedarse donde están.

Pues bien señores, entendamos que así no llegaremos a ninguna parte y, al contrario, se producirá más violencia. Lo veo en la frustración de las personas, día a día, y creo que el alcalde de Puente Alto y vicepresidente de Renovación Nacional, M.J. Ossandón, está de acuerdo con este pronóstico. Si no se acuerda una solución a lo planteado por los estudiantes, el descontento social no hará sino aumentar.

Imaginen un movimiento con este nivel de convicción que no logra ningún resultado. Imaginen como crecerá, como comenzará a invadir otras áreas, como ya pasó con el mundo de los trabajadores, como ha estado pasando con el movimiento ambientalista o de libertades sexuales. El cambio de la sociedad chilena está aquí, para bien o para mal y ya es hora de que lo asumamos como el país maduro que creemos ser. Hechos, no palabras por favor.

Agradecimientos al panelista de Estado Nacional (TVN) Alfredo Joignant (o su amigo Zapata) por su concepto de "ambiente constitucionalista" (el término exacto puedo estar plasmándolo con otras palabras).


sábado, 27 de agosto de 2011

La mayor grandeza no es nunca caer, sino levantarse siempre

Para seguir creyendo que se puede lograr la educación que muchos queremos para Chile.



Video a través de la Radio Bío Bío

El título es una cita de Mandela, hecha en el video.



martes, 9 de agosto de 2011

La verdad de la ceguera social


El filósofo chileno Matín Hopenhayn advierte que el hábito social nos impulsa a creer que la verdad llama a las cosas por su nombre (citado por Rodríguez, 2003). Decimos “verdad” seguido de un conjunto de palabras y construimos una realidad en torno a ellas, nos rodeamos de esas palabras y de quienes las usan como nosotros, con lo cual armamos nuestras redes y nuestras formas de relacionarnos.

Si pues, no es raro entonces que pensemos sobre la mayoría de las cosas de la misma forma en que la ve nuestro entorno, nuestra realidad. No es un ejercicio fácil mirar y ponerse en el lugar de otras realidades.
Sé de un académico de una prestigiosa universidad tradicional chilena que decía “pero para qué se endeuda la gente si no puede pagar, para qué regular algo si la gente sabe lo que hace”. He aquí una sentencia que es tomada por verdadera, por él.

Rodriguez (2003) analiza una novela de José Donoso llamada “El Lugar sin Límites”. No la he leído, pero el artículo señala sobre la reflexión que realiza el libro sobre lo humano. Usted, caballero, señora, ¿ha pensado alguna vez más allá de su carne y sus cosas? ¿Ha pensado sobre lo humano? Yo reconozco que lo hago poco, además de que no es una reflexión fácil, hay que tener un vocabulario más o menos amplio. Sin embargo, eso es lo maravilloso de entender lo que leo, ya que puedo reflexionar gracias a otro que lo expresó mejor que yo. 

Lamentablemente muchos chilenos no tienen la suerte que tengo yo de entender lo que leen, como tampoco pueden comparar y entender la tasas de interés, como lo hago yo. Tal vez por eso y otras complejidades se endeuda la gente. Vaya a saber uno.

Soy un privilegiado, lo sé y eso me pone una mochila que estoy tratando de cargar como puedo, quizás como muchos profesionales jóvenes o ni tanto tratan de hacerlo, entre medio de la pega de oficina, de llevar a los hijos a la playa, de las discusiones con la polola o la señora. Aprender a vivir con otra persona demanda mucho tiempo y energía. Trabajar y ganarse un lugar o reconocimiento cuesta sudor y lágrimas. 

¿Qué gano yo preocupándome por un problema que no me toca y cuya solución no me compete?

Por eso los primeros párrafos. La verdad, la realidad, la comunidad. Todo calza pollo. No importa si sales a la calle o no, si opinas en Emol o en El Mostrador. Todo lo que importa es “tu verdad”. ¿Cuál es tu verdad, te lo has preguntado? Hazlo, porque con ella construyes realidad, aunque no te des cuenta.

Y sobre este punto es la reflexión que hoy planteo aquí: La esencia humana no se caracteriza por la coherencia y la unidad. Desde que nacemos recibimos la verdad de padres, abuelos, tíos, profesores y cuanto adulto nos rodea. Somos niños dicen y se nos debe educar. ¿Cómo hablar de coherencia en un niño en formación? Simplemente no es nuestra esencia y lo demuestra nuestra adolescencia, ya que ahí es cuando nos revelamos a la verdad concedida. Cuestionamos a padres, tíos, profes, etc. Es parte de la esencia humana cuestionar y así, en esta revolución de lo establecido, forjamos nuestra verdad, esa que nos define y que nos permite tener una opinión.

Hasta aquí, ¿se entiende que no existe “una verdad”? La esencia humana está hecha de adaptación. Por eso estamos en tantos medios ambientes y culturas diferentes. El mismo mono que sabe que sabe. Ese mismo cae parado donde lo tire. Ya sea en una población callampa, donde sobrevivirá a punta de estoques o en un barrio pirulais, donde sobrevivirá a punta de cheques. Eso es sobrevivir a tu entorno, aunque el arma sea diferente. 

Lo interesante es que también es nuestra esencia la empatía. Bueno, algunos lo desarrollan más que otros. Pero el punto es que como ser humano, los sentimientos no son una cosa extraña. La tristeza o alegría, la decepción o el entusiasmo, la rabia o la euforia no debiesen ser sentimientos extraños para ninguno de nosotros.

¿Y por qué no podemos comunicarnos, socialmente por ejemplo, en una comida familiar, o en la oficina? Esencia las pailas. Aquí no hay esencia, aquí se hace lo que la mamá dice, lo que el jefe dice, lo que el presidente dice.

Yo creo que esa es la gracia de reflexionar un poco. En perspectiva puedo ver esa coraza que llamamos verdad, valores, ideal. Y se pone más dura cuando nuestra valoración de nosotros mismos es menor, cuando el esfuerzo de ser nosotros mismos es mayor. Si alguien cuestiona eso, entonces es casi una ofensa personal, la respuesta es enérgica, incluso violenta si el valor cuestionado es muy querido.

Si yo me compré que tengo la verdad y además tengo autoridad, entonces la verdad es que debo hacerme respetar. No importan argumentos, no importa la verdad de otros. Importa lo que dice la ley y yo soy su instrumento. 


No es difícil entender por qué tanta falta de diálogo en Chile. Somos positivistas, porque nos tapamos en contratos, leyes, decretos, normas. Nos ha costado tanto tener una institucionalidad respetable, que no permitiremos que nada la vulnere. El problema es justamente averiguar cómo revertir lo anterior. A mi se me ocurren chorrocientas ideas, pero ¿a quién le importa? Alguien que tenga la autoridad o influencia suficiente pase por aquí por favor. 

Me uno a la mayoría de los chilenos que vemos esto por radio, TV, twitter, diarios, medios digitales independientes como este en el cual escribo. Y nos sentimos impotentes. Queremos más diálogo, queremos que impere la razón por sobre la ley o la autoridad. Queremos que impere la paz por sobre las piedras y barricadas. 

Mi verdad: La educación es un tema de sociedad que nos debe importar a todos. Es transversal. Sin educación no podemos reflexionar, no podemos comunicarnos. Con los niveles de desigualdad que hoy existen, la gente en La Pintana habla un idioma diferente a la gente que vive en Las Condes. Son realidades distintas. Este sistema político-económico segregador nos está dividiendo. Nos está matando. Por favor no lo permitamos. No odiemos al del lado por defender su verdad o porque esta es diferente a la mía. Y quienes más educación tenemos, más deber tenemos con este tema. Miremos al pasado y aprendamos que ni piedras, ni lacrimógenas, ni la política de los acuerdos entre amigos nos sacará de este carril por el cual vamos directo al desastre.

Si, usted, el que lee, no se haga el loco. A usted, como a mi, nos toca nuestro pedazo de realidad.




viernes, 5 de agosto de 2011

DECLARACIÓN PÚBLICA DEL SENADO UNIVERSITARIO DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE

La discusión sobre una necesaria reforma a la educación que esté basada en principios de calidad y equidad, así como en la recuperación de la educación pública, ha pasado desde el necesario análisis de propuestas emanadas de varios grupos universitarios y del gobierno a un ambiente de total desconfianza que supera los argumentos.

En este ambiente ha resurgido la lamentable represión de las manifestaciones públicas, con un nivel de violencia que debemos rechazar enérgicamente, por considerar que no se corresponde con el orden democrático que deseamos para nuestra sociedad. Se suman a esto las inaceptables amenazas a dirigentes estudiantiles que se han denunciado, las que consideramos expresiones cobardes.

En este contexto, observamos con gran preocupación la ausencia de un referente político capaz de conducir el necesario debate sobre la educación a un destino que esté a la altura de las necesidades de la nación.

Desde la Universidad de Chile, y en representación de su comunidad, manifestamos nuestra creciente preocupación por la incapacidad de avanzar por el camino del diálogo respetuoso y denunciamos el uso innecesario de la violencia como una violación de los derechos básicos de una sociedad civilizada. Hacemos, por esto, un sentido llamado a respetar el derecho a discrepar y a reconocer el valor de contar con visiones diferentes.


5 de agosto de 2011



jueves, 7 de julio de 2011

Las bicicletas y el sentido de la vida



Este artículo fue publicado originalmente aquí. Lo reproduzco por su enorme valor y mensaje.


Por Rodrigo Ruiz E. Director Escuela de Antropología, Universidad ARCIS.



UNO. TERRITORIO

Andar en bicicleta es, en más de un sentido, entrar en un estado de gracia.

Alejada de todas las mitologías del Hi-Tec y la eugenesia, la vieja bicicleta de fierro se ha constituido en la mejor prolongación de nuestro cuerpo. Le regala una velocidad y una destreza que lo conducen a la experiencia de la libertad y la gracia.

Vi una vez en la ciudad de Vasteras, Suecia, una pareja de viejitos encorvados llegando a duras penas a un estacionamiento. Luego los vi a bordo de sus bicicletas pedaleando erguidos y gráciles por una ciudad de bosques y ciclovías.

Más allá de la pesadumbre y la eficacia del productivismo postfordista, la bicicleta permite pensar en una emancipación del cuerpo en el territorio.

En buena medida este estado liberto se lo debemos a la relación con la infancia que toda bicicleta guarda y que a menudo hacemos tan mal en abandonar: “bajábamos por la calle a toda velocidad -me contaba un amigo-, y antes de llegar a la esquina y para no frenar, ponía de lado la cabeza para evitar que el viento me impidiera escuchar el motor de un eventual auto aproximándose”.

Fuera el obrero o el niño de mesada ajustada, la bicicleta le regaló al pobre la distancia, le permitió una experiencia de conocimiento del territorio, la posibilidad de una cartografía autónoma que podía rebelarse contra los dibujos prescritos de la ciudad normada.



DOS. POSICIÓN

En un hermoso ensayo antropológico titulado Elogio de la bicicleta Marc Augé dice que “tanto en París como en Lyon, dejar las bicicletas a disposición de los habitantes o de los turistas casi equivale a obligarlos a verse, a encontrarse, a socializar las calles, a reconstruir lugares de vida y a soñar la ciudad”(19)

Es un acto, diríamos, de estética política. Una acción de redistribución inteligente de lo sensible. Es allí que podemos descubrir acaso la máxima dimensión utópica de la bicicleta.

Socializar lleva inscrita la posibilidad de volver a soñar. Se trata de pensar el espacio y hacerlo territorio. La bicicleta nos obliga a rastrear en varios sentidos.

Permite rastrear porque la bicicleta, al igual que el antropólogo, es un animal rastrero. Se constituye en su territorio, se debe a él. La bicicleta se vuelve así una posición de observación. No basta con hacer la etnografía de las ciudades. Hay que hacer la etnografía de la ciudad en bicicleta. Sin duda, allí arranca una perspectiva única, una experiencia del espacio y el tiempo, un modo de mirar y escuchar, un dialogar con los contextos, y sobre todo, una perspectiva sobre los demás ciudadanos. Es, si se me permite decirlo, ponerse en un lugar donde las relaciones sociales huelen.

Permitanme dos contrastes. La bicicleta es la antípoda del auto de lujo. Su signo es la proximidad, precisamente todo aquello que la sofisticación y el blindaje de la 4 x 4 no permite disponiendo al volante un sujeto encapsulado. Ello es especialmente claro en su visualidad: si el viajero del auto de lujo puede ir mirando un televisor instalado en una cabina atiborrada de relojes y pantallas, al ciclista no le queda más posibilidad que una sofisticada apropiación del viaje.

El automovilista está cada vez más enclaustrado en una cabina tipo jet de combate a prueba de ruidos, a prueba del clima, a prueba de golpes, a prueba de vendedores ambulantes, a prueba de borrachos de esquina y de toda huella vívida de trabajo humano. El ciclista, furioso o templado, obediente de la ciclovía o apresurado por la calle con astas de rastrillos y palas, viaja a la altura de lo que la tecnología del transporte oculta. Encima del metro y bajo los autos, junto a los enamorados del bandejón central de la Alameda.

“Efecto túnel” llaman los urbanistas a esa experiencia en que el individuo pierde conciencia del trayecto y sólo retiene el comienzo y el final de su viaje. Esta discontinuidad del espacio se convierte en un empobrecimiento de la vida. Aquel sentido se juega en los extremos, la ciudad misma, y el viaje, o más bien la ciudad y su cruce significativo con el viaje, se pierden. Como un planificador neoliberal, al viajero del túnel sólo le importa su cometido original, sólo le importa el punto de llegada, aquello que cree dará sentido a su esfuerzo. Se ha perdido así la posibilidad de lo inesperado, se ha perdido los milagros de la observación.

Al ciclista, en cambio, le va la vida en el trayecto. Primero porque si no se fija se mata, literalmente, pero sobre todo porque pedalear se vuelve, por la propia conciencia del recorrido, en un modo de vivir la ciudad, en una experiencia que constituye el lugar en territorio.

La del ciclista es, así, una posición etnográfica privilegiada, es un “estar allí”, que como sabemos no basta, pero siempre es necesario. Es un modo de penetrar la vida, la ciudad, la contemporaneidad. Para él no hay más resguardo que la propia habilidad. Está el cuerpo, y luego la ciudad.



TRES. POLÍTICA


Después de que asesinaran frente a nuestros ojos esas viejas micros que recorrían alegres la capital tatuadas de multiplicidad, adornadas con muñecas de plástico, ampolletas de colores y terciopelos falsos, la administración urbana dispuso los mamarrachos amarillos y luego la informatizada estupidez del Transantiago. Como si uniformar, cortar el pelo y obligar a discurrir por caminos segregados fuera a resolver algo.

Frente a ello, la bicicleta puede devolvernos algo de diversidad. No de esa que se solaza en un pluralismo ramplón y egoísta, sino del que crece en las ensoñaciones ribereñas de la justicia social. Bicicletas negras y rosadas, bicicletas proletarias, bicicletas con audífonos, bicicletas recicladas, bicicletas de jardinero, bicicletas universitarias, bicicletas ancianas, bicicletas indisciplinadas, bicicletas amables y furiosas, bicicletas ecológicas, bicicletas dibujadas con un pincel finísimo de pelo de camello, bicicleta que acaban de romper un jarrón, bicicletas recién pintadas.

Pero como todas las cosas interesantes, no hay aquí una sola posibilidad.

La bicicleta se ha convertido también en moda, en una pose estetizante que naturaliza las iniquidades de la vida contemporánea. Ir a andar en bicicleta el domingo en Príncipe de Gales tiene poco que ver con montar cotidianamente un dispositivo emancipatorio de tracción humana.

Como se sabe, hoy en este país ya no se trota. La gente de la clase aspiracional de buenos modales físicos no sale sencillamente a ejercitarse. Hoy se corre en inglés y hay que disfrazarse, ponerse ropas con marcas designadas para el efecto que emulan la tecnología del alto rendimiento deportivo. Son “runners” y van a las “corridas” que organizan en el espacio público las marcas de zapatillas, siempre encabezadas por figuras de la TV o algún ministro del área económica, da lo mismo. Las marchas contra Hidroaysén y por la educación pública, han sido los únicos eventos capaces de disputar las calles a esos eventos del nuevo deporte urbano.

Trotar -en muchos casos, aunque afortunadamente no en todos-, tiene más relación con sostener la representación del cuerpo productivo que con el goce gratuito del deporte amateur.

Lo mismo pasa con el ciclismo de la ciudad. La vieja bicicleta plebeya pedalea a contrapelo amenazada por dos flancos. Sufre la embestida mercantil de la bicicleta tecnológica de la pose de la modelación del cuerpo, y sufre la manipulación institucional en la que desembocan a veces los movimientos sociales: dos ministras pedalean una mañana por Santiago para descubrir que las ciclovías de la capital son un espanto de culebras sin control. “¡Atroz!”, exclamaron.

Pero el territorio de la bicicleta es el de la magia. Si el capital dispone la autopista, el crédito automotriz, la combustión, en definitiva la fuerza, la bicicleta permite una especie de defección, un éxodo que permite al ciclista sin embargo, permanecer en el territorio. En ese sentido, es una vivencia oblicua, como diría Lezama Lima.

Las bicicletas reescriben la ciudad con una levedad contrahegemónica que al modificar los sentidos de las calles modifica los sentidos de la vida. Iguala sexos, edades, clases. Por diferentes que sean sus monturas, nunca habrá entre dos ciclistas la diferencia que hay entre el propietario de un Lada y el de un Mercedes.

Sin embargo, todo no es más que posibilidad. Se requiere que la bicicleta agreda el consenso en la ciudad, que disponga con su caligrafía desordenada y múltiple un territorio en disputa. La bicicleta puede bloquear la expansión de las relaciones proveedor/cliente, puede circular a contrapelo de las relaciones mercantiles con su propia gratuidad.

Hay que cuidarse, por lo mismo, de cierto optimismo del pedalear contemporáneo. Parafraseando a Rancière en lo referente al arte, saber si la bicicleta será un verdadero constructor de “espacios políticos” o sólo los va a sustituir de forma paródica es algo que está por verse.

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