miércoles, 21 de noviembre de 2012

martes, 13 de noviembre de 2012

El rol de la economía en el desarrollo







Es interesante constatar que la mayoría de los análisis sobre la institucionalidad chilena se basa en evidencia contradictoria. Por ejemplo, es un hecho la contradicción de contener en un mismo ministerio la elaboración e implementación de políticas de conservación ambiental, al mismo tiempo que debe hacer políticas que favorezcan la inversión privada. Evidentemente, la política de protección de nuestros recursos naturales es aplaudida por todos los sectores políticos, pero al momento de llevarla a acabo, el conflicto de opiniones es amplio y el centro de la discusión es ¿qué tanta conservación es aceptable sin que afecte la inversión y el crecimiento económico?

Además de contradictoria, la evidencia es indirecta. Ante la pregunta ¿Seremos un país desarrollado el año 2030? Los primeros en contestar sacan un gráfico de la evolución del ingreso per cápita y aproximan una tendencia. Luego, con esa tasa o pendiente, calculan el año en el cuál debiésemos ser desarrollados. Dejo la pregunta para que el lector piense ¿Qué otro indicador relevante o popular en los medio de comunicación se le viene a la cabeza? A mi ninguno.

El rumbo de desarrollo de Chile depende del crecimiento económico, de la distribución del ingreso, de la producción científica, del nivel educacional de la población, entre otras muchas variables, algunas intangibles, como la libertad de expresión. Se analizan distintos indicadores, según la disciplina que realiza el ejercicio.

Si observamos las discusiones sobre diversas políticas públicas, veremos economistas opinando sobre política ambiental (mercado eléctrico), laboral (sueldo mínimo), educacional (lucro o no lucro), de salud (isapres y planes discriminadores por edad y sexo), tan fácilmente como del mercado exportador, del sistema financiero, entre otros. ¿Cuándo se convirtió la economía en un actor preponderante de todas las políticas, incluidas las de corte social?

Claramente, el rumbo del desarrollo chileno depende de múltiples variables, pero en el Chile de hoy, no es extraño reconocer que el principio rector de tal desarrollo es el principio de crecimiento económico. Los demás principios están supeditados a este rector. Pero nuevamente, esto se observa en evidencia indirecta, pues nadie lo dice explícitamente. No importa a qué partido político consulte, todos estarán a favor de un desarrollo sustentable, pero el cómo llevarlo a cabo es la piedra angular del asunto.

En este sentido, quién y por qué desarrolla una política pública parece ser relevante para entender hacia dónde vamos. Los ganadores en términos de opinión aplicada, son quienes propugnan por un desarrollo basado en exportar materias primas (teoría de las ventajas comparativas). Y creen que lo están logrando.

Quienes opinan que lo adecuado es un desarrollo planificado perdieron su oportunidad en los 70’s. Tampoco les resultó la aplicación desde el 50 y aún no entienden sin discusión el por qué. Nota al margen: tal vez debieran repensar sus paradigmas e indicadores.

Hoy el mundo se mueve mayoritariamente con las ideas de los profesores de nuestros ganadores locales. Vamos con la masa globalizada porque ir en contra implica sanciones de la comunidad internacional. ¿Cómo salir del rebaño sin ser excluidos? Gran pregunta, difícil respuesta.

Al contrario, en vez de respuestas, hoy desearía hacer preguntas incómodas. Preguntas que surgen de este análisis son:

¿Por qué existe el Banco Central, un organismo “independiente” que resguarda la aplicación de una política macroeconómica de largo plazo, con el fin de evitar que la política cotidiana perturbe el adecuado funcionamiento de la máquina bien aceitada de nuestra economía?

¿Por qué existe el Banco Central para la política económica, pero no hay un organismo equivalente que resguarde la aplicación de largo plazo de una política social?

Ideas como tener un Instituto Nacional de Estadística independiente van en esa línea, pero aún nadie lo formaliza con suficiente fuerza y son solo eso: ideas.

Es cierto que debemos crear en una atmósfera de producción técnica, lo que nos obliga a una especie de canibalismo social. Ni la universidad se salva de crear bajo estándares económicos. La creación en Chile ha sido subyugada al aparato productivo, salvo por los rebeldes, que viven con poco y mueren con menos. Será tal vez que la esfera de influencia está cercada por peajes: grado académico, millones en la cuenta, contactos hechos dentro de la esfera. Es un monstruo que se autoreplica.

El trabajo del ciudadano con conocimientos es arduo en este contexto y no todos pueden soslayar los deberes familiares, las deudas y su propia formación dentro de una cultura que enaltece la técnica por sobre la creación.

Solo el tiempo dirá si podremos superar al homo economicus y pasar al homo socialis y al homo publicus.
 
Fuente Imagen: http://hilde2008.wordpress.com/2011/12/05/9277/

martes, 30 de octubre de 2012

Casualidad Histórica




La desenfrenada experimentación de la explosión cámbrica (hace unos 570 millones de años atrás) produjo por lo menos un centenar de formas de vida o planes estructurales. Al cabo de unos millones de años sólo quedaba una parte y aquellos supervivientes fueron las piececillas de colores del caleidoscopio de la vida actual. Si los supervivientes se hubieran salvado de la extinción por alguna superioridad inherente, nos sentiríamos muy tranquilos sabiendo que somos los descendientes de unos respetables triunfadores. Pero no es así. No había nada superior en los supervivientes ni inferior en las víctimas de aquella primera extinción en masa. Fue, como ha dicho Gould hace poco, «la lotería más grande con que se haya jugado en este planeta»,3 y sucede que descendemos de uno de los que tuvieron la suerte de ganar. Compartimos el mundo contemporáneo con descendientes de otros afortunados ganadores. Si el bombo se pusiera a dar vueltas otra vez, podría aparecer otra escudería de ganadores, que produciría una serie de planes estructurales diferentes, los cuales serían la base de la vida actual. No hay duda de que muchos aterrizarían en el extremo, a juzgar por las raras formas de vida que desaparecieron durante aquella primera extinción. Hay que aceptar, pues, que el mundo vivo del que formamos parte no es sino uno de los incontables mundos posibles, no el único inevitable. Es más bien, y sencillamente, una contingencia de la historia.

Salta a la vista que la interacción de las especies en una comunidad es importante por su composición: los hongos sostienen las raíces de las plantas; las hojas de las plantas sostienen a los insectos; los insectos a los pájaros; y así sucesivamente. Y no es menos evidente que las especies están adaptadas a ciertas condiciones físicas locales. Pero como ya expuse en el capítulo 9, los ecólogos admiten hoy que estas influencias sólo son parte de la explicación de por qué las comunidades son como son. Así como los biólogos evolucionistas han tenido que admitir que el azar desempeña un papel significativo en el flujo de la vida, también los ecólogos han tenido que admitirlo en su propio terreno. Los miembros de una comunidad ecológica no conviven en envidiable armonía, en equilibrio natural. Buena parte de la forma y comportamiento de una comunidad está determinada por la interacción caótica y por la aparición, en el seno de la comunidad, de propiedades (como la resistencia a la invasión) de explicación difícil. La concepción antigua creía que las comunidades eran previsibles y estáticas. La actual dice que son imprevisibles (incluso misteriosas) y dinámicas. Y este estado dinámico contribuye a la diversidad biológica del mundo, que en última instancia es lo que aquí interesa. En contra del sentido común, el cambio incesante (el estado dinámico) es el origen de la estabilidad a largo plazo en las comunidades; querer bloquear el cambio a corto plazo garantiza el cambio destructivo a largo plazo.

Los humanos anhelan la previsibilidad, en relación con el mundo natural que nos rodea y, sobre todo, en relación con nuestra existencia y nuestro futuro. Pero es evidente que, en el terreno de la biología evolucionista y la ecología, nuestro mundo es imprevisible y nuestro lugar en él una casualidad de la historia; es un lugar de muchas posibilidades, sensibles a fuerzas que escapan a nuestro gobierno y, por lo menos en algunos casos, a nuestra comprensión inmediata.

Nuestro mundo es menos seguro de lo que pensábamos, pero por ello mismo también más interesante.

Seremos una casualidad de la historia, pero es indudable que el Homo sapiens es la especie más dominante sobre la Tierra actualmente. Llegamos tarde al teatro evolutivo y en un momento en que la diversidad de la vida del planeta estaba cerca de la cota más alta de su historia. Y como vimos en el capítulo 10, llegamos equipados con la capacidad de devastar esa diversidad dondequiera que fuésemos. Dotados de razón y conocimiento, avanzamos hacia el siglo XXI en un mundo que es obra nuestra, un mundo artificial en que la tecnología proporciona (por lo menos a algunos) comodidad material y el ocio permite una creatividad artística sin precedentes. Hasta la fecha, por desgracia, la razón y el conocimiento no nos han impedido explotar colectivamente los recursos de la Tierra (biológicos y físicos) en proporciones incomparables.

El Homo sapiens no es, evidentemente, la primera criatura viva que produce un impacto espectacular en la biota de la Tierra. La aparición de microorganismos fotosintetizadores, hace unos tres mil millones de años, comenzó a transformar la atmósfera, elevando relativamente sus niveles de oxígeno y llegando a cotas muy próximas a las actuales en el curso de los últimos mil millones de años. Gracias al cambio fueron posibles formas de vida muy diferentes, entre ellas los organismos pluricelulares; y muchas formas que habían prosperado en un entorno con poco oxígeno fueron desterradas a habitats marginales. Pero el cambio no lo forjó una sola especie sensible que conscientemente fuera en pos de sus objetivos materiales, sino incontables especies insensibles que, colectiva e inconscientemente, abrían nuevos senderos metabólicos. La razón y el conocimiento que aparecieron durante nuestra historia evolutiva dotó a nuestra especie de una flexibilidad de comportamiento que nos permite multiplicarnos y crecer con entera libertad prácticamente en todos los ambientes de la Tierra. La evolución de la inteligencia humana, por tanto, dilató el potencial de la expansión y el crecimiento poblacionales, de modo que, colectivamente, los seis mil millones de humanos que viven en la actualidad representan la máxima proporción de protoplasma que hay en el planeta.

Succionamos nuestro sostén y nuestro mantenimiento del resto de la naturaleza de un modo sin parangón en la historia del mundo, reduciendo sus dones mientras aumentan los nuestros. Somos, como ha dicho Edward Wilson, «una anormalidad ambiental». Las anormalidades no duran eternamente; al final desaparecen. «Es posible que estuviera previsto que otorgar inteligencia a la especie indebida fuera una combinación mortal para la biosfera», sugiere Wilson. «Puede que sea una ley de la evolución que la inteligencia tienda a extinguirse sola». Si no una «ley», tal vez sí una consecuencia habitual. Lo que nos preocupa es cómo evitar un destino de esta clase.



Fuente del Texto: Este texto corresponde en un 100% a extractos que he realizado de los últimos capítulos del libro "La sexta extinción", de Richard Leakey y Roger Lewin. Una lectura necesaria si me lo preguntan.

Fuente de imágenes: [1] y [2]



martes, 25 de septiembre de 2012

Hari Seldon

Creo que el plan de Hari Seldon podría llevarse a cabo en esta época. La decadencia es evidente.

Yo me incluyo desde ahora... aquí un comienzo: Psicohistoria en Arxiv

jueves, 13 de septiembre de 2012

martes, 11 de septiembre de 2012

Problema



Problema: ¿Es la búsqueda de igualdad, un camino eminentemente material? 

Si pensamos al humano como inherentemente “terrestre”, entonces sin duda. Si pensamos que es mayormente “espiritual”, entonces diremos que no.

Yo creo que somos mayormente “terrestres”. Mi interpretación tiene que ver con la masa. Humanidad es la especie, por lo que miremos el conjunto, no los casos particulares. Por ejemplo, si miramos el gas de un globo aerostático, suspendido en el cielo, desde una escala macro, lo veremos en estado de equilibrio. Pero si vamos a mirar un par de átomos, los veremos totalmente erráticos y sin sentido. 

Mi ejemplo pretende reforzar la idea de la escala, como artilugio utilitario para dar otra perspectiva al Problema.

Si vemos a la humanidad, ¿qué encontramos? 

En la historia nos encontramos con hechos como la revolución francesa, que partió con principios de libertad, igualdad y fraternidad, pero que terminó cambiando el poder de las manos de la aristocracia a las manos de una burguesía igualmente explotadora, que cometió gravísimos errores al invadir África, con una afán colonizador que despreció los ideales de la revolución, pues esta, al parecer, sólo tenía validez dentro del territorio francés. 

Nos encontramos con la Concertación, traicionando los ideales que creíamos comunes. Eso encontramos. 

¿Dónde está esa mayoría espiritual en este derrotero humano? Vemos la historia desde un punto de vista material y no vemos nada espiritual.

¡En el individuo está la espiritualidad! dirá el “espiritual”. Ahí está el potencial dirá. 

Ya, pero ¿dónde está el influjo que da energía cinética a ese potencial? Analizar a la masa podría dar una respuesta, piensa el “materialista”. El espiritual creerá que el Creador le da ese influjo (o sea, ya está respondido, no busquen más).

Quizás la salida del Problema esté en una suma ponderada de ambas variables. Somos materialistas espirituosos o espíritus materialistas. 

Tal vez, esa heterogeneidad que desborda la humanidad sea el reflejo de las múltiples proporciones en las que podemos encontrar esas variables (materia y espíritu). Tal vez eso sea lo que vemos en las noticias, ese sin sentido que deviene de observar el “desplazamiento de un par de átomos” en el globo aerostático.

Las escalas sirven.


 


miércoles, 29 de agosto de 2012

El arte perdido del debate democrático

Esta conferencia de Michael Sandel es en realidad una clase. Cualquiera puede participar, porque nos invita a conversar y a pensar en la verdadera esencia de la discusión. Cuando el debate comienza a ser circular, entonces es porque no hemos logrado ir hasta la raíz de la discusión. La hipocresía muchas veces se relaciona con no mirar esa esencia a sabiendas de que el desvío de la discusión permite una victoria fácil ante un adversario menos letrado o profundo.


 

martes, 28 de agosto de 2012

La Paradoja de Elegir

Al comienzo de esta presentación (tiene subs en español), Barry Schwartz nos dice lo siguiente:

"El Dogma Oficial: Si estamos interesados en aumentar el bienestar de nuestros ciudadanos, la manera de hacerlo es maximizar la libertad individual.

La razón de esto es tanto que la libertad en sí misma es buena, como valiosa, además de loable y esencial a los seres humanos. Y porque, si la gente tiene libertad, entonces cada uno de nosotros puede actuar por su propia cuenta para hacer las cosas que maximizarán nuestro bienestar y nadie tendrá que decidir en nuestro nombre.

La forma de maximizar la libertad es maximizando la elección. Entre más posibilidades tiene la gente, más libertad tendrá y entre más libertad tenga, más bienestar tendrán."

En estos casi 20 minutos veremos que no es tan simple como lo plantea el "dogma oficial". Considere que en Chile la libertad individual está representada por el "Estado Subsidiario" y la capacidad del Estado de dar capacidad de elección a los ciudadanos está en potenciar el desarrollo del mercado y el consumo (eso incluye a la discusión en educación y salud).


   

 

viernes, 10 de agosto de 2012

Ciudadanos despolitizados

"Los chilenos estaban convencidos de que en diez años habrían modificado radicalmente su realidad, aunque no declaraban lo propio respecto a su pasado. Y esa fantasía aumentaba cuando se trataba de personas despolitizadas. Entre quienes tenían un más elevado índice de despolitización, la fantasía suponía la posibilidad de triplicar el ingreso en diez años. Ese grupo era el que había estudiado en los colegios con los más bajos puntajes Simce, es decir, el camino para lograr saltar de posición gracias a la educación estaba prácticamente bloqueado. La despolitización era una herramienta de tranquilidad. Esto resulta fundamental en el Chile actual: si estoy despolitizado puedo creer en mi carácter excepcional y asumir que mi futuro no se parece al de nadie... Ciudadanos que creen compulsivamente e irreflexivamente en el futuro solo pueden ser ciudadanos despolitizados."

Alberto Mayol

Libro "No al Lucro"