viernes, 10 de noviembre de 2017

El Caudillo



Les dejo mi segundo cuento. Cualquier parecido con la realidad es una triste coincidencia.

EL CAUDILLO

Como buen caudillo, Francisco sabía cómo dominar una situación tensa sólo por su mera presencia. Cuando él entraba a las reuniones anuales de partido, era habitual que se produjera un respetuoso silencio. Temeroso dirían algunos. De terror, pensaba su asistente personal. Esas personas que se hacían llamar “camaradas” no lo conocían realmente, lo único que les importaba era la habilidad de Francisco para perpetuarse como Senador y arrastrar consigo a cualquier compañero de lista que tuviese. Bueno, y obviamente al poder y las influencias que eso trae consigo.

El buen Francisco decían irónicamente, tan grande de nombre como de porte. Porque Francisco era, lo que se dice popularmente, un ropero de dos cuerpos. A algunos “camaradas” les parecía gracioso. Pero Francisco los ignoraba a tal punto, que a los pobres les resultaría difícil escalar en la jerarquía del partido. 

Para todo el mundo, o al menos para la mayoría, Francisco era un líder orientativo, una especie de visionario que veía, en todo aquel que se le acercaba, algún potencial aporte en el proyecto de desarrollo futuro que tenía para su región. Así sentía a la región a veces, como si fuese suya. También sabía cómo someterla, si se volvía caprichosa.

La comisión de transportes que presidía estaba revisando un proyecto de concesiones que, si se aprobaba, significarían miles de millones de dólares de inversiones durante una década. El tema en discusión era la zona donde se construiría el Mega túnel que uniría a Chile y Argentina, formando parte de una Mega carretera que llegaría hasta el norte de Brasil. 

Una de las posibles zonas pasaba por su región y, por lo tanto, estaría bajo su influencia. Sin duda sus propias inversiones en diversos terrenos y empresas constructoras podrían aprovechar esa repentina bonanza de recursos en la región. Francisco tendría que deber favores para lograrlo, pero la torta era grande y él se podría quedar con una buena parte, si era lo suficientemente generoso con sus camaradas en la comisión.

No fue difícil la batalla mediática, dado que la otra zona ideal para el túnel era Santiago. La tendencia política apuntaba a que lo más popular era llevar las inversiones a una región, en vez de continuar aumentando el centralismo del país.

Lo más difícil serían las conversaciones con las pequeñas comunidades rurales que serían afectadas por el Mega proyecto. Pero eso lo dejaría en manos de las empresas y sus áreas de relaciones comunitarias. Y si surgía alguna dificultad mayor, Francisco se encargaría de atenderlo personalmente.

Con la confianza de Francisco en la cima, su equipo de asesores recomendó ir lo más pronto posible a la zona de conflicto. Dado que el próximo año se vienen las elecciones y no ha ido desde las elecciones pasadas, puede matar dos pájaros de un tiro. Además, no había tiempo que perder si quería lograr la aprobación del proyecto.

Pero su excesiva confianza resultó ser también su talón de Aquiles. Significó que no vislumbrara la potencial trampa hacia la que se dirigía. Después de todo, esos “camaradas” que solía ignorar eran los herederos de otros viejos caudillos nacionales, y la actitud de Francisco no caía nada de bien. Tal vez eran insignificantes para Francisco, pero no para sus rivales políticos.

Para comprender el origen del conflicto que llevó a Francisco a su caída del Olimpo político, hay que entender que la familia de Francisco es originaria de la zona en conflicto. Debido a esto, muchas propiedades que podrán beneficiarse de una carretera de tal envergadura pertenecen a Francisco y su familia.

Francisco, además de un gran caudillo, es también un conocido pichula loca de la zona, hablando en términos populares claro está. Los veranos familiares durante su adolescencia no solo causaban revuelo en el pueblo, sino que también causaban furor entre las niñas de la zona. Cómo se divertía Francisco, cada vez que iba a la zona. Y si había algún problema, su papá lo cubría.

Es curiosa la relación entre padres e hijos, en las altas esferas de la política nacional. Hay una especie de relación de dependencia que no se termina nunca. Hasta que el líder muere. En este caso, Francisco era relativamente viejo, con hijos inútiles – según su propia opinión – y su padre llevaba muerto varios años. En cambio, sus molestosos “camaradas” aún tenían a sus papás, un poco más viejos y avezados en estas peleas de gallos.

Quién podría imaginar que, durante su visita más mediática a la zona, en medio de una caravana que lo aclamaba, aparecería una versión más joven que él entre la gente, un ropero de dos cuerpos sin barba ni canas, la viva encarnación de Francisco hace 25 años atrás. ¿Podría ser demasiada coincidencia? – Se preguntó.

¿Y por qué hay tantos reporteros? – Después de ese pensamiento sintió que fueron segundos en su cabeza, pero fue todo lo que necesitaban sus enemigos políticos. Destapar una olla de especulaciones sobre la moral de Francisco. 

Le tomó un par de días acusar el golpe, después de ver en la televisión su reacción, frente a su versión más joven. 

¿Por qué lo abracé? – se preguntaba una y otra vez. Aún no lo entendía. 

Le tomó otro par de semanas para averiguar de dónde venía aquel torpedo a su imagen, pero el daño ya estaba hecho. 

Pocos años después, aún intentando recuperar su capital político, Francisco decidió dejar el partido y comenzar el suyo propio, al alero de una Fundación que le permitiera recaudar fondos. Una mañana lo encontraron muerto en su escritorio de la Fundación, entre papeles y pancartas para su próxima campaña por la presidencia. Los informes médicos dirían que un fuerte ataque al corazón había acabado casi instantáneamente con su vida, pero nadie reparó en el teléfono descolgado a su lado ni se revisaron las llamadas ingresadas esa mañana a su oficina. Las noticias se centraron en su historial político y en la aparición de varias personas que aseguraban ser otro hijo o hija no reconocido de Francisco.