miércoles, 3 de abril de 2013

Reflexión política



¿Cómo manejas las emociones?

No puedes pensar en el genérico si apenas te conoces. No basta con imaginar la reacción, falta la otra parte en la situación, esa parte que se contrapone a nuestra interpretación.  Si eres el protagonista del conflicto, ¿cómo salvas el paso si en realidad no puedes leer la mente de tu oponente?

Su interpretación en una situación adquiere el carácter del misterio, solo por el hecho de que nunca sabremos que pasa ahí afuera, fuera de nuestra mente.

Aquí los novelistas tienen campo abierto para la creación. Por eso a veces nos encontramos con historias tan fantásticas.

Pero en la vida real, ¿cómo es? Esa pregunta me carcome a veces. Es como la pregunta de “si un árbol cae en el bosque, pero nadie lo vio. ¿Cayó realmente?”

Aquí está el terreno fértil de la política, por eso hay relatos doctrinarios tan aberrantes como mágicos. Todo el espectro humano se puede esconder detrás del misterio de la contraparte y el político hábil será capaz de crear un relato en cualquier conflicto, un relato de esos que mueven montañas. Solo queda aceptar a la condición humana básica de la situación: un político hábil moverá montañas tanto por altruismo como por interés propio. El fin no es la cuestión, es la habilidad de manejar las emociones.

Y la habilidad extrema abruma, ¿no? Cómo reconocer altruismo en ese “animal” político que consigue todo lo que quiere, en especial cuando siempre existirán los disidentes y en especial cuando los pensantes se encuentran en el pequeño pueblo de los que tuvieron una buena educación. “Pueblo chico, infierno grande” dice el dicho.

He ahí la madre de las ciencias sociales, ahí, en la fundación de nuestras relaciones sociales occidentales. Porque en occidente somos herederos de la república. El catolicismo es un parásito que llegó después. Solo por eso nos salvamos de ser una versión cristiana del medio oriente. Solo por un tema temporal.

Aunque no sabemos a nivel individual lo que hay en la contraparte, la ciencia humana aprendió cómo navegar en incertidumbre. Las ciencias sociales, en todas sus dimensiones, nos revelan una masa humana tan mágica como predecible.  

Más aberrante que el tráfico de armas es el adoctrinamiento político, porque hoy el ser humano ha aprendido a hacerlo tan bien, que su poder no se condice con la ética que vemos aplicar a nuestro alrededor.

En el mundo real, la ciencia da poca esperanza. Lo predecible de la masa humana demuestra que el caos está en la heterogeneidad de intereses de esos pocos con educación y poder.

Así como vamos aniquilando a la diversidad biológica, el sistema imperante va eliminando la heterogeneidad de actores relevantes.

La única pregunta que me queda por resolver es si esa extinción masiva y reducción de la heterogeneidad es un equilibrio estable o no.


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